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- ¿Cómo pretendes vivir sin conocer Palermo? -intento bromear.
- Ya conozco Palermo - dijo.
- ¿Y eso? - preguntó casi celoso.
- Una amiga mía me mandó una postal desde allí. La pegué en el water. ¿No te has fijado? - Luego añadió-. Había un poeta de principios de siglo. Era ya muy viejo y su secretario lo llevaba a pasear. "Maestro", le dice, "¡Mire al cielo! ¡Hoy vuela sobre nuestra ciudad el primer avión!". "Me lo puedo imaginar", dijo el amestro a su secretario y no levantó los ojos del suelo. Ves, pues yo me puedo imaginar Palermo. Hay los mismos hoteles y los mismos coches que en las demás ciudades.

Kundera, M., La insoportable levedad del ser

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Clara Lüge. Con la tecnología de Blogger.