de palabras

Querida Lisa, hubo una vez que hablé contigo por teléfono más de una hora sin percibirme de que habías colgado. Fue desde el teléfono público de la calle Bucareli, en la esquina del Reloj Chino. Ahora estoy en un bar de la costa catalana, me duele la garganta y tengo poco dinero. La italiana dijo que regresaba a Milán a trabajar, aunque se cansara. No sé si citaba a Pavese o realmente no tenía ganas de volver.
Creo que le pediré al enfermero del camping algún antibiótico. La escena se disgrega geométricamente.
Aparece una playa solitaria a las ocho de la noche, altos cirros anaranjados; a lo lejos caminan, en dirección contraria al que observa, un grupo de cinco personas en fila india. El viento levanta una cortina de arena y los cubre.
Amberes.-Roberto Bolaño

Estimado señor:
¿Ha señalado alguno de sus lectores la escasez de mariposas este año?
En esta región habitualmente prolífica casi no las he visto, a excepción de algunos ejambres de papilios.
Desde marzo sólo he observado hasta ahora un Cigeno, ninguna Etérea, muy pocas Teclas, una Quelonia, ninguna Ojo de Pavorreal, ninguna Catocala, y ni siquiera un Almirante Rojo en mi jardín, que el verano pasado estaba lleno de mariposas.
Me pregunto si esta escasez es general, y en caso afirmativo, ¿a qué se debe?
M. Waslibourn

Cortázar RAYUELA

Yo, juguete de pupilas giratorias, he conseguido el permiso psykista para disfrutar de un paseo en compañia de Herr Doktor Sieg, de nuestra enfermera Joan la Terrible, y de varios "pacientes", en el bosque de pinos vecino. En éste he visto, querido Van, exactamente las mismas ardillas con aspecto de mofeta que tu abuela Azuloscuro importó en el parque de Ardis, por el que algún día, sin duda, te pasearás. Las agujas de un reloj de pared, aun cuando no funcione bien, deben saber, y hacer saber al más tonto de los relojitos de pulsera, dónde se encuentran. De no ser así, ya no hay reloj, ya no hay cuadrante; no hay mas que una cara en blanco con unos falsos bigotes. Igualmente, tchelovek (el ser humano) debe saber dónde está y hacérselo saber a los demás; y, de no ser así, no es no siquiera klok (pedazo) de tchelovek; no es ya un él, ni una ella, no es sino "una pieza de nada" como decía tu pobre ama Ruby, mi pequeño Van, cuando hablaba de su seno derecho estéril. Yo pobre Princesse lointaine, très lointaine ya no sé dónde estoy: así pués, es necesario que desaparezca. Así pués, adieu, querido, hijo mío querido, y adiós pobre Demon. No conozco ni la fecha ni la estación, pero es un día razonablemente bello, y, sin duda, e sazón, con una gran cantidad de gentiles hormiguitas que hacen cola para probar mis lindas píldoras.

Firmado:
La hermana de mi hermana, que "teper'iz" ada (ahora ha salido del infierno)

ADA O EL ARDOR, VLADIMIR NABOKOV

Sólo se consideran elegantes los suicidios en el Ritz

No hay motivos para vivir, pero tampoco hay motivos para morir. Desearía, señor director, que a través de esta carta, los jóvenes de su ciudad comprendieran que la única manera con que se nos permite demostrar nuestro desén por la vida, es aceptarla. La vida no merece que nos tomemos el trabajo de abandonarla...El suicidio es muy cómodo, demasiado cómodo: yo no me he suicidado. Subsiste un pesar y es que no quisiera partir sin antes no estar seguro de que me llevo conmigo la estatua de la Libertad, el amor o los Estados Unidos. Envío, desde estas páginas, mi más enérgica protesta ante esa oleada absurda de suicidios en los puentes colgantes. Jóvenes de Nueva York, elegid suntuosos hoteles si quereis abandonar esta vida. Hay hoteles que son francamente, muy literarios. después de todo, el mundo de las letras descansa en los hoteles de la imaginación. En Europa lo saben desde hace tiempoy sólo se consideran elegantes los suicidios en el Ritz.

Carta escrita por Jacques Rigaut al director del New York Times.

Historia abreviada de la literatura portatil, Enrique Vila-Matas

Antología del humor negro

El estoicismo, dice Baudelaire, religión que sólo tiene un sacramento: el suicidio. Pese a que desde muy pronto el suicidio haya adquirido para él este valor de sacramento único: es una religión muy diversa al estoicismo la que habría que atribuir a Jacques Rigaut. La resignación no es su fuerte: para él no sólo el dolor sino también la ausencia de placer es un mal intolerable. Un egoísmo absoluto, flagrante, cohabita en él con una generosidad natural que confina con la suprema prodigalidad, la de la misma vida constantemente ofrecida, dispuesta a perderse por un sí o por un no. El más bello regalo de la vida es la libertad que nos permite abandonarla a nuestra hora, libertad al menos teórica pero que quizá vale la pena conquistar a través de una lucha encarnizada contra la cobardía y todas las trampas de una necesidad hecha hombre, en relación demasiado oscura, demasiado poco continua con la necesidad natural. Jacques Rigaut se condenó a sí mismo a muerte hacia los veinte años y esperó impacientemente, hora a hora, durante diez años, el momento perfectamente adecuado para acabar con sus días. Era, en todo caso, una experiencia humana cautivante a la cual supo dar el tono semitrágico, semihumorístico, que le era peculiar. Las sombras de Petronio, de Alphonse Rabbe, de Paul Lafargue, de Jacques Vaché, funcionaban como señales a lo largo de una vía custodiada también por algunos héroes enojosamente diversos a quienes les llamaron a la existencia sensible. ¿Quién es el que no es Julián Sorel? Stendhal - ¿Quién es el que no es el Sr. Teste? Válery - ¿Quién es el que no es Lafcadio? Gide - ¿Quién es el que no es Julieta? Shakespeare. Jacques Rigaut, cuya ambición literaria se había limitado a querer fundar un periódico cuyo título es bastante expresivo, Le Grabuge, desliza cada noche un revólver bajo la almohada: es su tributo al tópico de la noche buena consejera y a la manera de acabar con los malhechores de dentro, es decir, con las formas convencionales de adaptación. Baudelaire dice también: La vida sólo tiene un encanto cierto: es el encanto del juego, pero ¿y si nos resulta indiferente ganar o perder? Rigaut gira en torno a esta indiferencia sin alcanzarla pero el juego sigue. Correr su suerte, en caso de duda más o menos desgarradora, adquirir la certeza a cara o cruz. Se considera un personaje moral: pero entendámoslo bien: visto el mismo carácter de su resolución, despidámonos con él de la comodidad. El eterno dandismo está en juego: Yo seré un gran muerto. Intentad. si podéis, detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal. Ha viajado curiosamente como el bostezo de Chateaubriand hasta nosotros: Imprudencia : el hombre que bosteza ante el espejo. ¿Quién de los dos se cansará antes de bostezar? ¿Quién ha bostezado primero? De mandíbula a mandíbula: mi bostezo se desliza hasta la hermosa americana. Un negro tiene hambre, una muchacha se aburre: soy yo que he bostezado. Siempre se puede saltar de un Rolls-Royce, pero, cuidado: marcha atrás. Después de mí, el diluvio. Estas palabras no le sugieren otra idea que proseguirse en su ascendencia, coleccionar los muertos un poco válidos en el curso de su vida, dar a su destino la pequeña vuelta de manivela que los bifurca. Sólo queda por encontrar el vehículo Es la carrera de las diez mil libras de Jarry aplicada a la vida mental.

Finalmente, el 5 de noviembre de 1929 ha llegado el instante. Jacques Rigaut, después de minuciosísimos arreglos personales y aportando a esta especie de salida toda la corrección exterior que exige -no dejar nada fuera de sitio, prevenir por medio de almohadas toda eventualidad de temblor que pueda ser una última concesión al desorden- se dispara una bala en el corazón.


André Breton, en Antología del humor negro
Trad. de Joaquín Jordá
Barcelona, 1997
Fuente: http://patriciadamiano.blogspot.com/2007/03/jacques-rigaut-1899-1929.html

Rigaut


"Intento responder de mis veinticuatro horas, de mis setenta arrugas, de mis treinta años, de mis presagios, de mis amores y de mis deudas, de mis soledades y de mis contactos, del más y del menos. No hay más solución que plantear el problema y detenerse. Quien dice: "No hay respuesta", se condena. Los que no hayan respondido que abandonen el juego: la partida continúa con los que siguen buscando."

Jacques Rigaut, fragmento extraído del libro Agencia general del suicidio.


Sociedad reconocida de utilidad pública
Capital: 5.000.000 de francos
Domicilio central en París: 73, boulevard Montparnasse.
Sucursales de Lyon. Burdeos, Marsella, Dublín, Montecarlo, San Francisco.

Gracias a unos modernos dispositivos, la A.G.S. se siente dichosa de poder anunciar a sus clientes que les procura una MUERTE GARANTIZADA e INMEDIATA, cosa que seducirá forzosamente a quienes se han apartado del suicidio por el temor de "fallar". Ha sido pensado en la eliminación de los desesperados, temible elemento de contaminación en una sociedad, que el Señor Ministro del Interior se ha dignado honrar a nuestro Establecimiento con la Presidencia de Honor.
Por otra parte, la A.G.S. ofrece finalmente un medio algo correcto de bandonar la vida, pues la muerte es el único de todos los desfallecimientos que jamás se disculpa. Es así que se han organizado los entierros-expreso: banquete, desfile de amigos y conocidos, fotografía (o mascarilla postmortem, a elección), entrega de recuerdos, suicidio, colocación en el ataúd, ceremonia religiosa (facultativa), traslado del cadáver al cementerio. La A.G.S. se encarga de ejecutar as últimas voluntades de los Señores Clientes.

NOTA. Por no estar asimilado el establecimiento a la vía pública, en ninún caso los cadáveres serán transportados al Depósito, esto para tranquilizar a algunas familias.


Tarifas
Electrocución -------------------- 200 f.
Revólver ------------------------- 100 f.
Veneno ---------------------------100 f.
Inmersión ------------------------ 50 f.
Muerte perfumada
(incluido el impuesto de lujo) ------ 500 f.
Ahorcamiento.
Suicidio para pobres -------------- 5 f.
(La soga se vende por separado al precio de
20 f. el metro y 5 f. por cada diez centímetros
suplementarios.)


Pedir el Catálogo especial a los Express-Enterrements. Para toda clase de informaciones, dirigirse al Sr. J. Rigaut, Administrador principal, 73, boulevard Montparnasse, París (6º). No se dará ninguna respuesta a personas que expresen deseo de asistir al suicidio.

JACQUES RIGAUT (1899-1929)
El 5 de noviembre de 1929 su corazón alojó una bala con la que consumó un suicidio, para todos anunciado.
( Del libro SUICIDAS - Antología)

Suicidios

Se cree que la primera poeta, Safo, se suicidó arrojándose al mar, pero no lo sabemos con seguridad. Muchos otros habrán cometido suicidio, pero no son conocidos o no dejaron obra publicada, o simplemente no hemos podido acceder a sus historias personales, por lo que no han sido incluidos en este estudio.
1. Thomas Chartterton se envenenó con arsénico en una buhardilla de Londres el 25 de agosto de 1770:
Existir es no estar / pero que alguien te nombre…
2. Karoline Günderode se clava un cuchillo en el corazón y se lanza al Rhin el 26 de julio de 1806:
Derrota a tu naufragio y olvida ya esta nave que ni pecio será con unos años.
3. Heinrich von Kleist se dispara un tiro en la boca después de disparar sobre su compañera Henriette el 21 de noviembre de 1811, junto al lago Wannsee:
Sonríe mientras el arma apunta / tus últimas ideas en su pólvora…Y espérame un minuto antes de irte.
4. Charlotte Stieglitz (1834), joven sensible cultivadora de las bellas artes, se clavó un puñal en el pecho, el 18 de diciembre, para no estorbar la creatividad de su esposo, el poeta melancólico Heinrich Stieglitz:
Juntos padecimos una pena… Te irá mejor ahora… Nos volveremos a encontrar, más libres… Saluda a todos los que amé… Hasta siempre jamás, tu Charlotte.
5. Thomas Lowel Beddoes, después de haber perdido una pierna en un intento de suicidio previo, muere por ingestión de veneno el 26 de enero de 1849 en Basilea:
Y si el tiempo final se demorase / Liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.
6. Gérard de Nerval aparece muerto en la nieve de París el 26 de enero de 1855:
Ahorcarse con el sombrero puesto / es burlar a la muerte de dos formas… / lo mismo un día de estos / le hago un quiebro.
7. Antero de Quental muere de dos disparos. Su mano apretó el gatillo en Punta Delgada el 11 de septiembre de 1891:
¿Cómo querrá la muerte mi alma / si está muerta?/ ¿No es el alma el botín?…/ ¡si yo no tengo!.
8. José Asunción Silva se dispara un tiro en el pecho sobre el que hizo dibujar un corazón a su médico el 14 de mayo de 1896 en Bogotá:
No soy buen tirador / usted me entiende.
9. Ángel Ganivet se lanza dos veces al río Duina; la primera lo sacan del agua. En Riga el 29 de noviembre de 1898:
No la horca, el arsénico ni el tiro / jamás la bala… nunca el aparejo / prefiero un trago amargo e infinito.
10. Wolf von Kalckreuth se dispara una bala en la sien junto a su cama. En Cannstadt, el 9 de octubre de 1906:
A cambio de la herida de tu sien / recibe esta elegía / que me pondrá el laurel de tu epitafio.
11. Periclís Yanópulos monta un caballo a galope hacia el mar, y cuando ya no puede avanzar más se dispara un tiro con su revolver. En las cercanías de Eleusis el 10 de abril de 1910:
Es Itaca / y no duele.
12. Peiu Yavórov ingiere veneno y se pega un tiro en la cabeza. En Sofía, el 16 de octubre de 1914:
Ya no puedo arder más en esta llama / Nada puede volver /¿Qué hacer entonces?.
13. Georg Trakl se administra una dosis de cocaína que le produce la muerte. En Grdek, el 3 de noviembre de 1914:
No he vivido, y lo sé…/ Tan sólo he muerto.
14. Mario de Sá Carneiro toma estricnina en París, el 26 de abril de 1916:
Pero el cuerpo que posa, el que me mira / El que envejece al lado de mis cosas… / Ese tipo no es yo, no le conozco.
15. Arthur Cravan desaparece una noche en la Bahía de México, el año 1919:
…Y un barco con el que hundirte / en la bahía de Méjico / mientras el mar se pierde en el mar.
16. Sergei Esenin se ahorca en el hotel Angleterre después de escribir unos versos con su sangre. En Leningrado, el 28 de diciembre de 1925:
Otra vez el espejo… / ¿Para qué quiero conciencia?.
17. Paco López Merino se dispara un tiro en la sien en el retrete de un café de la ciudad de La Plata, el 22 de mayo de 1928: Esta hora es perfecta / para el último hálito.
18. Costas Cariotakis intenta ahogarse en el Mediterráneo, y, al no conseguirlo, se ducha y se arregla para dispararse un tiro en el corazón bajo un eucaliptus. En Prévesa el 21 de julio de 1928:
¿Cómo será la nada del abismo? / ¿Cómo será la muerte?.
19. Jacques Rigaut funda la “Agencia General del Suicidio”, y se dispara un tiro en el corazón, en París, el 5 de noviembre de 1929:
La autodestrucción como acto de fe… / Como negocio, en fin, seguro y cierto./ Se admiten asociados… / O accionistas solventes sin escrúpulos.
20. Vladimir Maiakovski se dispara un tiro en Moscú el 14 de abril de 1930:
Muero de libertad / mientras el mundo es un incendio.
21. Ramos Sucre muere tras cuarto días de agonía por haber ingerido barbitúricos el día que cumple cuarenta años. En Ginebra el 13 de junio de 1930:
…y esta soledad única, indescifrable y nítida de segundos eternos / que reclama descanso, aunque sea final.
22. Florbela Espanca muere por una sobredosis de veronal en Matozinhos, el 8 de diciembre de 1930:
Morir no es fácil, no / pero es lo más correcto.
23. Vachel Lindsay ingiere un desinfectante doméstico en Soringfield el 5 de diciembre de 1931:
¿No hay ni siquiera un veneno accesible que llevarme a la boca?.
24. Hart Crane se arroja al Atlántico desde la cubierta del buque Orizaba en el Golfo de Mexico, el 27 de abril de 1932:
En la borda, el sabor a salitre / me llama a ser océano. / Valoro la distancia / y alzo el vuelo.
25. Sara Teasdale ingiere una sobredosis de barbitúricos y muere en Nueva York el 29 de enero de 1932:
Mis piernas no responden, / y no he amado aún… / Tan sólo fuí palabras en un mundo de gestos.
26. Raymond Roussel es encontrado muerto en un hotel de Palermo el 14 de julio de 1933:
Cerciórese sin miedo de que ya no respiro… / Y, luego, entréguele esta carta a mi albacea./ Le nombro mi heredero, como ve. / Y olvídeme después / igual que lo ha hecho el mundo.
27. René Crevel abre la espita del gas y se deja morir en París el 18 de junio de 1935:
…y esta llave de gas que contiene la muerte / en sólo un giro…
28. Attila József se tira al tren en las cercanías de Balatonszárszó el 3 de diciembre de 1937:
Y no lloréis por mi./ Sólo pago mi deuda.
29. Leopoldo Lugones quema sus libros y muere por ingestión de cicuta en la Isla del Tigre el 18 de febrero de 1938:
Purifícate en la llama naranja / y hazte ceniza en el rito de Stromboli. / ¡Que bien ardes!, amigo.
30. Alfonsina Storni se interna despacio en las aguas del Atlántico en Mar del Plata el 25 de octubre de 1938:
…mirándome sin vista, / recordando desnuda / el hecho doloroso que nos muerde.
31. Antonia Pozzi ingiere una sobredosis de fármacos en su casa de Milán el 3 de diciembre de 1938:
Una mujer en prosa soy ya… / Se acabó el rito.
32. Marina Tsvetaeva se ahorca en Elábuga el 31 de agosto de 1941:
En el Este también la soledad lo es todo.
33. Cesare Pavese ingiere dieciséis envases de somnífero y muere en Turín el 27 de agosto de 1950:
Sólo pide la muerte / urgente y necesaria / para dejar de ser / la peste de si mismo.
34. Tor Jonsson se ahorca en Oslo el 14 de enero de 1951: ¿Para qué escribir más / de todo lo que existe / si los ojos conforman / siempre un mejor poema?.
35. Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el 2 de octubre de 1959:
Así quise ser yo, así./ Y orinarme en los símbolos del mundo.
36. Carlos Obregón ingiere una sobredosis de barbitúricos en Madrid, el 1 de enero de 1963:
…se averigua un sonido de sirenas / que ya no señalan la herida, / no la cantan, / porque la muerte es todo.
37. Sylvia Plath abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno. En Londrés el 11 de febrero de 1963:
Hoy quiero hablar contigo / hasta que llegue el alba / y se hagan memoria mis palabras.
38. Tomás González, el día de su vigesimosexto cumpleaños (Diciembre de 1966), tras regalarle a su madre flores y un poema, abrió la ventana y se arrojo al vacío:
Madre, también yo quisiera ser mujer. / …para sentir en mi interior / la necedad terrible de haber traído al mundo a esta bestia maldita, / y perdonarte, madre.
39. Violeta Parra, cantora, compositora, pintora, poeta, hija y hermana de poetas… muere el 5 de febrero de 1967, en Carpa de la Reina, a los cincuenta años:
Gracias a la vida / que me ha dado tanto…
40. José Mª Arguedas se dispara un tiro en Lima el 2 de diciembre de 1969:
No convienen los versos / que nos muestran las vísceras azuleando al sol.
41. Paul Celan se arroja a las aguas del Sena a su paso por París el 30 de abril de 1970:
No sirve de nada ya que no sea / morir ahogado en la clepsidra./ Quizás el Sena.
42. John Berryman salta desde un puente a las aguas del Misissippi en Mineapolis el 7 de enero de 1972:
Yo he visto a los hombres / caminar fuera de sí / no siendo hombres,/ pero sombras tampoco.
43. Gabriel Ferrater toma barbitúricos y se ata una bolsa de plástico en la cabeza, en Sant Cugat, el 27 de abril de 1972: Te vas a trompicones / amputándome. / Te me ajas sin más…/ y yo mirando.
44. Alejandra Pizarnik muere por una sobredosis de barbitúricos en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1972:
Podad mi cuerpo cada primavera, / y que crezcan con fuerzas renovadas, / en su tumba, mis esquejes.
45. Jon Mirande, la noche de Navidad de 1972, ingiere una sobredosis de barbitúricos en París:
Morir matando / no puede ser suicidio.
46. Alfonso Costafreda es hallado sin vida en el pasillo de su casa en Ginebra, el 4 de abril de 1974:
Los latidos contados / de mi corazón se desbocan / buscando el cero.
47. Jaime Torres Bodet asolado por el cáncer, pone fin a su vida con un disparo. En México, el 13 de mayo de 1974:
Un algo celular me crece adentro / que me hace pensar / más en mi mismo.
48. Anne Sexton enciende el motor del coche en el garaje y muere por inhalación de anhídrido carbónico. En Weston, el 4 de octubre de 1974:
…y un poco de este anhídrido carbónico / que bien dosificado te hace dormir tranquila para no despertar de nuevo / al tedio de los días.
49. Héctor Murena muere rodeado de cajas de vino en el cuarto de baño de su casa de Buenos Aires, el 5 de mayo de 1975:
Déjate al aspaviento de sus órbitas / abandona tu piel a su mandato.
50. Jens Bjorneboe anuncia su suicidio en un programa de televisión y muere luego ahorcado en Veierland el 9 de mayo de 1976:
Suspenderse un instante y dormir. / Dejar de ser el cadáver diario / y ser el muerto.
51. Luis Hernández se deja atropellar por el metro de Buenos Aires, el 3 de octubre de 1977:
Matar a Dios / quizás sea el mejor de los suicidios.
52. Justo Alejo se suscribe a la revista Clarín y se arroja al vacío desde el edificio del Ministerio del Aire en Madrid, el 11 de enero de 1979:
Sólo una cosa quiero / antes de ver el fín:/ y es recibir Clarín / en mi tumba espartana…
53. Alexis Traianós conecta una manguera desde el tubo de escape al interior de su automóvil y fallece por asfixia. En Capandriti, el 7 de mayo de 1980:
Todos los muertos soy yo./ Todos.
54. Enrico Freire, murió en Granada, el 14 de octubre de 1980. Dejó abierto el gas y encendió la vela que siempre usaba para “inspirarse” y escribir su último poema, titulado “explosión”:
Antes del grito, tardo 44 años, 3 meses y un día en encontrar la salida.
55. Severino Tormes, estrelló su coche contra un árbol camino de Tordesillas, el 15 de noviembre de 1980: 15 de noviembre: Tengo la sensación de haber vivido absolutamente en vano. ¿De qué me han servido los libros, la música, el amor, la poesía?. Una amarga carcajada contra un árbol y otra eterna en el infierno.
56. Paula Sinos (Baracaldo 1950-Portugalete 1981): El maquinista del trén dijo: “Vi un bulto a lo lejos… creí que era un perro… Frené pero era tarde… jamás olvidaré su rostro…”:
Siempre puedes pensar que fue el trén / el que se arrojó a ti.
57. Fabrice Graveraux se corta las venas delante de sus amigos en Viareggio, el 8 de enero de 1982:
En la lente el disparo, / en la vena el cuchillo. / Es la fiebre. / Es París.
58. León Artigas, el 14 de febrero de 1984, se introdujo el cañón de una pistola entre los diente y disparó. Sucedió en Badajoz:
Imploraré tan sólo un destello / cegador de lucidez / para devolverle a Dios / un cadáver de lujo.
59. Beppe Salvia se lanza al vacío desde su casa de Roma, en marzo de 1985:
¿De que sirve perdurar con parámetros / de supervivencia, intentando pasar cada día sin saltar al vacío,…? / Mira los ojos de tu hija / y despídete con un beso.
60. José A. Acillona, murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas:
Hace mucho tiempo que te espero. Tú eres mi salvador. Tú eres el justiciero que me volará la nuca. ¡Dispara ya, cabrón!.
61. Alina Reyes se embarcó para siempre en la nave-bañera de un hotel con las venas cortadas, el 14 de noviembre de 1991, en Madrid:
“Qué extraño… La luz está aparada y sin embargo juraría que la acabo de encender. Por lo menos, mañana la doncella no tendrá que hacer la cama”.
62. José Ignacio Fuentes, murió colgado de su cinturón en la cárcel de Basauri, el 14 de octubre de 1991, dos años después de degollar a su esposa:
No tengo más que hacer que fumar hasta la muerte. / Yo fumo y sueño. / Quién sabe si algún día veré un río / o la garra piadosa de una soga.
63. Nicolás Arnero (Segovia, 1950) se ahorcó el 20 de enero de 1991 dejando subrayada una frase en un libro de Pavese: “Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.”:
Intuyo la cobarde humillación / de substraerme al suicidio.
64. Víctor Ramos, falleció desangrado por autocastración en la cárcel de Nanclares de Oca, el 10 de octubre de 1995:
De queroseno puro, / antes de que florezca la rareza, / rociar la realidad.
65. Wenceslao Rodriguez, Madrid 1970, Sevilla 1997, colgado de una viga de la pensión El Guaraní:
…a la luz de un flexo en el desván, / introdujo entre sus labios el cañón de una pistola / e imaginó el fragor de una sonrisa / ante los pies descalzos de la soledad.
66. Marithelma Nostra, Brasil, murió por una sobredosis barbitúricos en un hotel de Madrid (1999.):
¿Sabes?… He observado que hay personas que recurren a un segundo lenguaje para expresar lo que verdaderamente sienten. (…) Estas personas casi nunca saben lo que quieren, casi nunca saben lo que esperan y casi siempre se suicidan.
67. José Agustín Goytisolo se suicidó el 19 de marzo de 1999 arrojándose al vacío desde el balcón de su casa:
…una tristísima ceniza / que caía y caía sobre la tierra, / y sigue cayendo en mi memoria, / en mi pecho, / en las hojas del papel en que escribo.

Bukowski, Música de cañerias, "Besaste a Lilly"

Era un miércoles por la noche. La televisión no había sido gran cosa. Theodore tenía cincuenta y seis años. Su mujer, Margaret, cincuenta. Llevaban veinte años casados y no tenían hijos. Ted apagó la luz. Se desperezaron en la oscuridad.

—Bueno —dijo Margie—, ¿es que no me vas a dar el beso de buenas noches?

Ted suspiró y se volvió hacia ella. Le dio un beso rápido.

—¿Llamas a eso un beso?

Ted no contestó.

—Aquella mujer del programa era igual que Lilly, ¿verdad?

—No sé.

—Sí sabes.

—Escucha, no empieces, que habrá follón.

—Lo que pasa es que no quieres analizar las cosas. Sólo quieres cerrarte como una lapa. Sé sincero. Aquella mujer del programa se parecía a Lilly, ¿verdad?

—Está bien. Tenía un cierto parecido.

—¿Te hizo pensar en Lilly?

—Dios santo...

—¡No seas evasivo! ¿Te hizo pensar en ella?

—Por un momento, sí...

—¿Y te sentías a gusto?

—No. Escucha, Margie, eso pasó hace cinco años.

—¿Acaso el tiempo hace que lo que pasó no pasase?

—Te dije que lo lamentaba.

¡Que lo lamentabas! ¿Sabes lo que pasé yo? ¿Te imaginas que hubiese hecho yo lo mismo con un hombre? ¿Qué habrías sentido?

—No sé. Hazlo y lo sabré.

—¡Muy gracioso! ¿Es que quieres reírte de mí?

—Marge, hemos discutido este asunto cuatrocientas o quinientas noches.

—¿Cuando hacías el amor con Lilly, la besabas como me besaste ahora a mí?

—No, claro que no...

—¿Cómo, entonces? ¿Cómo?

—¡Por Dios! Basta ya.

¿Cómo?

—Bueno, distinto.

—¿Distinto en qué sentido?

—Bueno, había una novedad. Me excitaba...

Marge se incorporó en la cama y se echó a llorar. Luego dejó de hacerlo.

—Y cuando me besas a mí no te excitas, ¿verdad?

—Es que estamos habituados el uno al otro.

—Pero eso es el amor; vivir y hacerse mayores juntos.

—Bien.

—¿«Bien»? ¿Qué quieres decir con bien?

—Quiero decir que tienes razón.

—Lo dices, pero se ve que no lo crees. Lo único que quieres es no hablar. Has vivido conmigo todos estos años. ¿Sabes por qué?

—No estoy seguro. La gente se habitúa, se acostumbra a las cosas, es como el trabajo. La gente se acomoda. Es lo que pasa.

—¿Quieres decir que estar conmigo es como un trabajo? ¿Es como un trabajo ahora?

—Bueno, en el trabajo hay que fichar.

—¡Ya vuelves a empezar! ¡Esto es una discusión seria!

—Está bien.

—¿«Está bien»? Eres un asqueroso imbécil. ¡Animal! ¡Te estás quedando dormido!

—Margy, ¿qué quieres que haga? ¡Eso pasó hace años!

—¡Está bien, te diré lo que quiero que hagas! ¡Quiero que me beses a como besabas a Lilly! ¡Quiero que me jodas a mí como a Lilly!

—No puedo hacerlo...

—¿Por qué? Porque no te excito como Lilly, ¿verdad? ¿Porque no soy una novedad?

—Apenas si recuerdo a Lilly.

—La recuerdas perfectamente. Está bien. ¡No tienes que joderme! ¡Sólo bésame como a Lilly!

—Oh, por Dios, Margy, ¡déjalo ya, por favor, te lo suplico!

—Quiero saber por qué hemos vivido juntos todos estos años! ¿He desperdiciado mi vida?

—Todos la desperdician, casi todo el mundo.

—¿Desperdician sus vidas?

—Creo que sí.

—¡Si pudieses simplemente imaginar cuánto te odio!

—¿Quieres el divorcio?

—¿Que si quiero el divorcio? ¡Oh, Dios mío, qué tranquilo eres! ¡Destrozas mi maldita vida y luego me preguntas si quiero el divorcio! ¡Tengo cincuenta años! ¡Te he dado mi vida! ¿Adonde voy a ir?

—¡Puedes irte al infierno! Estoy harto de oírte. Harto de tus quejas.

—¡Imagínate que hubiera hecho yo lo mismo con un hombre!

—Ojalá lo hubieras hecho. ¡Ojalá!

Theodore cerró los ojos... Margaret gimoteó. En la calle ladró un perro. Alguien intentaba poner un coche en marcha. No arrancaba. Treinta grados de temperatura en un pueblecito de Illinois. James Carter era el presidente de los Estados Unidos.

Theodore empezó a roncar. Margaret fue hasta el armario y sacó el revólver del cajón del fondo. Un revólver del 22. Estaba cargado. Volvió a la cama junto a su marido.

Le zarandeó.

—Ted, querido, estás roncando...

Le zarandeó otra vez.

—¿Qué pasa...? —preguntó Ted.

Ella quitó el seguro al revólver y apoyó el cañón en la parte del pecho de él más a mano y apretó el gatillo. La cama se balanceó y Margaret disparó de nuevo. De la boca de Theodore surgió un sonido muy parecido a un pedo. No parecía dolerle. La luna brillaba en la ventana. Margaret se fijó en que el agujero era pequeño y apenas manaba sangre. Colocó el arma al otro lado del pecho de Theodore. Volvió a apretar el gatillo. Esta vez no hubo sonido alguno. Pero él seguía respirando. Le observó. Manaba sangre. La sangre hedía espantosamente.

Ahora que estaba muñéndose, casi le amaba. Pero Lilly, cuando pensaba en Lilly... la boca de Ted en la suya, y todo lo demás, entonces deseaba disparar otra vez... Ted estaba muy guapo con jerseys de cuello alto, le sentaban muy bien, le quedaba muy bien el verde, y cuando se tiraba un pedo en la cama, primero siempre se daba la vuelta... Nunca los tiraba contra ella. Rara vez faltaba al trabajo. No podría ir al día siguiente...

Margaret estuvo un rato llorando y luego se quedó dormida.

Al despertar, Theodore tuvo una sensación de juncos largos y agudos clavados a los lados del pecho. No sentía dolor. Se llevó las manos al pecho, las alzó luego a la luz de la luna. Estaban manchadas de sangre. Se desconcertó. Miró a Margaret. Estaba dormida y tenía en la mano el revólver que él le había enseñado a manejar para su defensa.

Se incorporó y la sangre empezó a salir más de prisa de ambos agujeros del pecho. Margaret le había disparado mientras dormía. Por tirarse a Lilly. Ni siquiera había sido capaz de correrse con Lilly. Pensó: «Estoy casi muerto, pero si pudiese huir de ella, tendría una oportunidad.» Estiró con cuidado el brazo y liberó el revólver de entre los dedos de Margaret. Aún tenía quitado el seguro.

No quiero matarte, pensó, sólo quiero largarme. Creo que llevo por lo menos quince años deseando hacerlo.

Consiguió levantarse de la cama. Cogió el revólver y apuntó a Margaret al muslo. Al derecho. Disparó.

Margaret gritó y él le tapó la boca con la mano. Esperó unos segundos y luego apartó la mano.

—¿Qué haces, Theodore?

Volvió a apuntar, al muslo izquierdo ahora. Disparó. Apagó su nuevo grito volviendo a taparle la boca. Aguantó unos segundos, luego retiró la mano.

—Besaste a Lilly —dijo Margaret.

Quedaban dos balas en el tambor del revólver. Ted se irguió y se miró los agujeros del pecho. El del lado derecho ya no sangraba. Del izquierdo, salía, a intervalos regulares, un hilillo fino como una aguja.

—¡Te mataré! —dijo Margy desde la cama.

—Quieres matarme realmente, ¿verdad?

—¡Sí, sí! ¡Y lo haré!

Ted empezó a sentirse mal, mareado. ¿Dónde estaban los polis? Tenían que haber oído todos los disparos. ¿Dónde estaban? ¿Es que nadie había oído los disparos?

Miró hacia la ventana. Disparó contra los cristales. Se sentía cada vez más débil. Cayó de rodillas. Se arrastró de rodillas hasta la otra ventana. Disparó otra vez. La bala hizo un agujero redondo en el cristal, pero el cristal no se rompió. Pasó delante de él una sombra negra. Luego, desapareció. Theodore pensó: «¡Tengo que tirar fuera este revólver!» Reunió sus últimas fuerzas. Lanzó el revólver contra el cristal. El cristal se rompió, pero el revólver volvió a caer dentro de la habitación.

Cuando recobró el conocimiento, su mujer estaba de pie ante él. Se sostenía sobre ambas piernas, las piernas contra las que él había disparado. Cargaba otra vez el revólver.

—Voy a matarte —dijo.

—¡Margy, por amor de Dios! ¡Escucha! ¡Te quiero!

—¡Arrástrate, perro mentiroso!

—Margy, por favor...

Theodore empezó a arrastrarse hacia la otra habitación.

Ella le seguía.

—Así que te excitaba besar a Lilly...

—¡No, no! ¡No me gustaba! ¡Me repugnaba!

—¡Te voy a arrancar de la boca esos labios malditos!

—¡Margy! ¡Dios mío!

Le puso el cañón del revólver en la boca.

—¡Toma un besol

Disparó. La bala se llevó parte del labio inferior y parte de la mandíbula. Theodore no perdió el conocimiento. Vio uno de sus propios zapatos en el suelo. Aunó de nuevo todas sus fuerzas y lanzó el zapato contra otra ventana. El cristal se rompió y el zapato cayó a la calle.

Margaret alzó de nuevo el revólver y se apuntó al pecho. Apretó el gatillo...

Cuando la policía derribó la puerta, Margaret estaba de pie sujetando el revólver.

—¡Ya está bien, señora, suelte el revólver! —dijo uno de los polis.

Theodore aún intentaba huir arrastrándose. Margaret le apuntó con el revólver, disparó, erró el tiro. Luego, se desplomó en su camisón púrpura.

—¿Qué diablos ha pasado aquí? —preguntó uno de los polis, inclinándose sobre Theodore.

Theodore volvió la cabeza. Su boca era un grumo rojo.

—Skirrr —dijo Theodore—. Skirr...

—Me fastidian estas peleas domésticas —dijo el otro poli—. ¡Qué asco...

—Sí —dijo el primer poli.

—Precisamente esta mañana reñí con mi mujer. Uno nunca sabe.

—Skirr... —dijo Theodore.

Lilly estaba en casa viendo una vieja película de Marlon Brando en la tele. Estaba sola. Siempre había estado enamorada de Marlon. Se tiró un pedo suave. Se alzó la bata y empezó a masturbarse.



Bukowski, Música de cañerias, "Besaste a Lilly"
Enlace para descargar el libro completo: http://www.geocities.com/bukstuff/musica.html

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-S

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda.Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

El que ama arde
y el que arde
vuela a la velocidad de la luz


Val del Omar
Clara Lüge. Con la tecnología de Blogger.